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Bodhi Dharma

Historia del Karate

 

 

 

 

 

 

ORÍGENES EN CHINA 

A principios del siglo V d.C. Se produce uno de los impactos más importante en el Budismo de China. Llega al monasterio de SHAOLÍN (Shorin en japonés) desde la India un monje llamado BODHIDHARMA (o DARUMA), que hace ver a los monjes de la necesidad de fortalecer el cuerpo para soportar los duros ejercicios de meditación necesarios para llegar al “camino de Buda”. Establece entonces un sistema que es a la vez método de Ed. Física y de Autodefensa (recogido en el Ekkin Kyo), muy necesaria por otra parte en los desplazamiento de los monjes, ya que había gran número de asaltantes, consistente en 18 katas y dos sutras. Además este sistema no usa armas, ya que los monjes las tienen prohibidas. Todo esto dio gran relevancia a Bodhidharma, que sentó las bases del budismo Chan, hoy el Zen en Japón.

Este método influye notablemente en el Chuang Fa (KUNG FU) o Kenpo que se practicaba hasta entonces y se extiende debido a su eficacia por toda China, especialmente por la provincia de Fukien, cercana a la costa del mar de China donde se encuentra el archipiélago de las Ryu Kyu. A este nuevo sistema surgido del monasterio Shaolin se le conoce como SAHOLIN KUNG FU (Shaolin Kenpo en japonés) y es considerado el tronco común de todas las artes marciales.

Se desarrollan entonces dos escuelas de Shaolin Kenpo: la escuela interna y la externa. No está claro a que se debe esta distinción, ni el significado de interno y externo. Podría referirse a un método más espiritual frente a otro más físico, o tal vez a uno más propio de china, frente a otro que vienen del extranjero (de la India).

Y a medida que estas dos ramas se expanden surgen nuevas alteraciones, que dan lugar a una gran proliferación de estilos. Sin embargo todo tiene en común el sistema de transmisión: secuencias de movimientos ordenados y estudiados, para trabajar solo o en pareja, los TAO (Kata en Japonés). 


A TRAVES DEL MAR: DE CHINA A OKINAWA

Okinawa parece haber tenido históricamente un retraso considerable respecto a la sociedad de otros lugares como China y Japón. Se calcula que los utensilios de hierro llegaron por primera vez a Okinawa en el siglo X y que el primer gobernador o soberano apareció en el siglo XI. También la escritura llegó muy tarde al archipiélago Ryu Kyu y eso explica que no existan documentos escritos en Okinawa hasta casi el siglo XVII. Por ello los orígenes de las artes de lucha en esta región son solamente conjeturas y leyendas.

Es probable, sin embargo, que los sistemas de lucha chinos llegaran a las Ryu Kyu, y a su isla más importante, Okinawa, dada la proximidad geográfica, y los intercambios comerciales que tenían las islas con China. Los propios comerciantes, marineros y militares, fueron los primeros en importar el arte desde el continente. Pero si se sabe que ya en Okinawa existía un sistema de lucha rudimentario llamado TE (que significa mano, pero que probablemente no en el sentido de mano vacía y que también incluiría el uso de armas, y al nuevo kenpo proveniente de China se le llama TODE o TOTE (se designaba To a lo que proviene de China y De es la contracción de Te).

Es posible que el TE fuese una rudimentaria interpretación de sistemas de lucha chinos posibilitada por algunos contactos con el continente, por lo que por un lado podría considerarse que el Karate es una evolución o mas bien una gran modificación de Okinawa de los sistemas de lucha chinos. Otros autores defienden en cambio que existía un arte marcial autóctono okinawense antes de la llegada del kenpo chino, y algunos aventuran que podría haber llegado de la India por marinos y ser similar al kalaripayt (artes marciales indias). Ambas teorías son factibles.

Hacia 1380 y desde 1354 (1340 según otros autores) las Ryu Kyu se dividían en tres reinos: el de Chuzan, el principal, en la región central; el de Nanzán al Sur y el de Hokuzan al norte. Es bastante probable que en esta época se desarrollaran sistemas de lucha con armas, por los frecuentes enfrentamientos entre reinos, y también sistemas sin armas asociados a estos.

El rey de Chuzan (y mas tarde los otros dos monarcas) se proclamó feudatario de China, y la dinastía Ming envió en 1392 las famosas “36 familias” (se llamaron así, pero no se sabe a ciencia cierta cuantas personas fueron), que introducen entre otras cosas un Chuang Fa más puro, en forma de katas, como por ejemplo probablemente “Passai”. Estas familias chinas provenían de la región próxima de Fukien, en el sur, y practicaban el kenpo o chuan fa del sur, de la Escuela del Sur (Nanpa). En esta época. muchos okinawenses fueron a estudiar a China (ryugakusei), existiendo incluso una especie de Becas. Muchos de ellos llegaron a Pekín y aprendieron kenpo allí, pero del estilo del norte (Hokuha). Probablemente a su regreso a Okinawa lo mezclaron allí con el estilo del sur, empezando a gestar así un arte autóctono de la isla.

También llegaban chinos a Okinawa además de las 36 familias ya establecidas, pues el emperador chino controlaba las tierras más alejadas por medio de los Sapposhi o Zappushi, que eran emisarios que viajaban por todo el país remitiendo informes al emperador de la situación de cada zona y asistiendo a la subida al trono de los sucesivos monarcas dando así el visto bueno por parte del Imperio Chino. Estos Sapposhi no viajaban solos, sino que lo hacían con un amplio séquito (de 400 o 500 personas) y estaban unos meses en la región..Hay constancia de más de 20 visitas de estos Sapposhi a Okinawa en un período de unos 500 años.

Cabe destacar también el papel comercial de Okinawa como intermediario entre China y Japón, especialmente en lo que se refiere a la importación de katanas y armaduras japonesas a China. Éstas eran muy valoradas por los Chinos y llegaban allí a través de Okinawa. Probablemente este tráfico de armas influyo notablemente en las artes de lucha de las islas.

Es a través de estas relaciones, como el kempo es conocido y probablemente practicado en Okinawa. 


DESARROLLO EN OKINAWA: NECESIDAD DE MANO VACÍA

La primera época de auge de las artes de lucha en Okinawa debió ser en el siglo XV, cuando tras la unificación de los tres territorios de Okinawa (Nanzán, Chuzán y Hokuzán) por el Rey So Hanshi (1429), se prohibió el uso de armas. Es una época de estabilidad económica en la que florecen por encima de otras dos grandes ciudades: Naha y Shuri.

Cincuenta años más tarde (1477 ó 1490), el monarca de Okinawa Sho Shin proclama el “EDICTO DE NO ESPADAS”, para evitar posibles revueltas populares. Es una época de institucionalización y unificación de territorios, se empieza a cobrar impuestos por todo el país y los samurais y el daymio (nobleza) comienza a perder fuerza en favor del poder central. Incluso obliga a estos a irse a vivir a Shuri, la capital, para tenerlos controlados. Se prohíben las armas para poder imponer las decisiones tomadas. Se interrumpe el tráfico de katanas y las que hay en las islas se guardan en la armería de la capital.

Se cree que entonces se desarrollaron dos tipos distintos de te: el bushin te, que se practicaba en privado en la corte y el udon te más público y notorio. Se deduce pues que es posible que esta diferencia la marcase la posesión clandestina de armas por parte de la nobleza.

En esta época son los nobles y cortesanos los que practican Te, mientras que la gente sencilla, pescadores y campesinos, echa mano de los utensilios del día a día (TI GUA, precursor del KOBUDO).

 

Este período dura hasta la ocupación del clan SATSUMA (Japonés ) en 1609 que reclama el archipiélago para Japón y vuelve a prohibir las armas, con severos castigos (aunque con algunas excepciones, ya que los miembros del daymio podían tener katanas, pero no podían hacer uso de ellas públicamente). El Clan Satsuma, al sur de Hondo (la isla principal del Japón) era leal al Shogun (puede considerarse como el líder de todos los clanes) Muromachi, y la derrota de este frente al nuevo Shogun Tokugawa fue un revés para el clan y propició la invasión de las Ryu Kyu. Unos dicen que por intereses comerciales, ya que los Satsuma comerciaban con China y el nuevo Shogun prohibió el comercio con el reino vecino, ofreciendo el archipiélago una vez más la posibilidad de hacer de intermediario, y otros defienden que fue el propio Tokugawa el que ordenó la invasión para mantener a los Satsuma ocupados y en guerra y evitar posibles revueltas. De todos modos, y aún perteneciendo ya claramente al Japón, las Ryu Kyu seguían bajo una notable influencia China, e incluso estaba bien visto por parte de los ocupantes, pues dotaba de exotismo a la tierra conquistada.

Fue entonces cuando los practicantes de kenpo o chuan fa, y los de las diferentes modalidades de te se van uniendo en sus practicas, dando lugar definitivamente al TE (u OKINAWA-TE), entrenando en secreto. La transmisión continuaba siendo oral y a través de las kata, y no hay apenas documentación escrita (casi únicamente el “Bubishi”, al que algunos llaman la Biblia del karate.

El primer experto del que se tiene referencias en las Ryu Kyu es KUSHANKU (según la bibliografía es el nombre o el cargo militar del experto en kenpo), agregado militar chino que llega a Okinawa en 1761 o 1756 y enseña lo que mas tarde será el kata KUSHANKU (KANKU en japonés ). Fue probablemente el introductor en Okinawa del hikite (recogida del brazo en la cadera cuando el otro actúa) y resultó novedosa también su forma de utilizar las piernas para golpear.

Dos alumnos de Kushanku son también destacables:

Por un lado Kanga SAKUGAWA (1733-1815) nacido en Shuri, que fue conocido como “Tode“ Sakugawa. Desde su adolescencia era un gran conocedor de las artes marciales, y luego trabajó de funcionario de la marina comercial, lo que propicio muchos viajes a China, especialmente a Pekín, donde aprendió chuan fa con el maestro IWA, profesor de palacio imperial.
Creo también la kata de Bo (Kon) Sakugawa no Kon (o Sakugawa no Bo).

Por el otro Chatan YARA, que estuvo durante 20 años en China (Fukien) con Kushanku (antes de que este fuese a Okinawa), aunque su línea definitivamente se perdería. 


ORÍGENES DE LOS ESTILOS Y PRINCIPALES MAESTROS

Durante los siglos XVIII y XIX, y por motivos básicamente geográficos, se van desarrollando en Okinawa tres estilos en las tres ciudades más importantes: NAHA TE, SHURI TE y TOMARI TE. Esto se debe a que en cada ciudad residían diferentes maestros y que el aprendizaje era muy limitado (se solía trabajar como mínimo tres años cada kata hasta un máximo de tres o cuatro katas). Los maestros además adaptaban el katas a su propia forma de ver y hacer el to-de o te, por lo que existían diferentes versiones de cada una de ellas. Una de las más prolíficas fue Passai, contando con Matsumura no Passai, Ishimine no Passai, Itosu no Passai y un largo etcétera. Tras la restauración Meiji se empezó a enseñar privadamente el to-de y no se quería nombrar al maestro, por lo que los katas y formas de hacer karate se fueron nombrando según la ciudad en que se hacía. Se ha dicho que estos nombres además fueron "oficializados" en 1927 a petición de la Butoku Kai, organización Japonesa de artes marciales, con el fin de distinguirse claramente los distintos estilos.

SHURI TE:

La corte estaba en Shuri y en ella los pertenecientes a las castas de los daymio y los samurais. Estos con frecuencia viajaban a China en calidad de funcionarios o bien para realizar estudios, normalmente a la capital, Pekín. Lo practicado allí se le conocía como Buguei, y luego Shuri-Te.

Destacaba entonces un alumno de Sakugawa, Sokon “Bushi” MATSUMURA (1792 o 1899 – 1896), que también entrenó directamente con Kushanku y con Iwa en Pekín, a donde viajó por primera vez en compañía de Sakugawa. También era funcionario y fue destinado a Satsuma a los veinte años, donde estudió Ken-jutsu de la escuela Jigen, llegando a obtener el cuarto nivel, el más elevado. Esta escuela de kenjutsu defiende que hay que acabar con el enemigo de un sólo golpe, y probablemente fue Matsumura el que incorporó esta idea al karate, buscando la máxima efectividad en cada ataque.  Incluso hay semejanzas entre el makiwara y un sistema de entrenamiento de la Jigen Ryu, pero nos parece al menos arriesgado aventurar que éste sea realmente su origen. Se le atribuye la creación de la kata Chinto (GANKAKU) y las versiones Matsumura no Passai, Matsumura no Seisan, Matsumura no Rohai y Matsumura no Goju-Shiho.

En definitiva, comenzó a introducir el espíritu de las artes marciales japonesas en el to-de, y puede sin duda considerarse el primer padre del Shuri-Te.

Igual que el principal alumno de Sakugawa, Matsumura, recibió el legado de su maestro y se convirtió en una de las figuras más importantes del desarrollo del karate en Shuri ocurrió con un alumno de éste, Anko ITOSU (1827-1906). Nacido en una familia de la casta samurai, recibió una educación china y llego a ser secretario de gobierno. No se sabe con exactitud quien fue su primer maestro, es posible que fuese un náufrago chino llamado Chan Nan, que vivía en Tomari. Aprendió también con otro chino quien tal vez tuviera alguna relación con Iwa de Pekín). Con la caída del feudalismo Japonés y la Restauración Meiji, se introduce el to-de en la enseñanza pública, y es Itosu el máximo artífice de este logro. Crea además para una enseñanza más sistematizada y menos peligrosa, tomando tecnicas del Kushanku, del Passai y del Chinto crea los Katas Pinan (Heian en japonés), que son instituidos como parte del programa de Educación Fisica en las escuelas.




NAHA TE:

Hay que recordar que el lugar de asentamiento de las "36 familias" fue Kume, asentamiento muy cercano a Naha. Lógicamente las relaciones de estos y sus descendientes con china eran frecuentes e influyeron notablemente en el to-de de Naha. Por ello el Naha te es más cercano al kenpo chino que el Shuri te. En 1866 llegó el que a la postre sería el último zapushi y se realizó una exhibición de artes marciales, bailes y canciones de la isla. La exhibición de to-de corrió a cargo de algunos habitantes de Kume, y por tanto fue Naha Te. Uno de los principales ejecutantes fue Maia ("gato") Aragaki. Probablemente Aragaki también influyó en el Shuri Te y el Tomari Te, enseñando a algunos maestros de estas ciudades los katas Sochin, Niseishi (Nijushiho) y Unsu.

Cuando partió a China como intérprete de la marina encargó a sus alumnos más destacados, Koshiro y Kanryo HIGAONNA (1852 ó 53-1915 ó 16), el cuidado del resto de sus alumnos, y se pierde así su rastro. Higaonna había practicado tres años con él, y parece ser que aprendió en ese tiempo Sanchin, Seisan y Suparimpei. En 1868 ó 1872 (con 16 o20 años) parte hacia China, a la provincia de Fukien donde había una colonia okinawense llamada Ryukyukan. Puede incluso haber practicado durante un tiempo con Washizan, pero lo que es seguro es que allí aprende durante 13 años con el maestro Ryu Ryuko, que practicaba kenpo Shaolin del sur. Cuando Higaonna vuelve a Okinawa, habilita su propia casa como Dojo para la enseñanza (probablemente se trate del primer Dojo de karate de Okinawa).

Otro maestro que vivió en Fukien (China) y en Kume y que influyó notablemente en el Naha Te fue el mencionado Washizan.

 

TOMARI TE

Parece ser que era muy similar al Shuri Te.

La tradición popular dice que el primer maestro de Tomari fue el náufrago chino Chan Nan, y parece que hubo otros marinos chinos, como Ason (1890-1945). Sin embargo el primero del que se tiene constancia es Teruya Beechin (1804-1864).

Cabe destacar otros importantes maestros como o Kookan OYADOMARI (1827-1905 o Kosaku MATSUMORA (1829 ó 25-1898)), quien a su vez aprendió de Sokon Matsumura tanto Shuri Te como Jigen Kenjutsu.

Tuvo también gran influencia ARAGAKI (1899-1927), que transmitiría katas como Niseishi, Sochin y Unsu. También hacía Kobudo y fue maestro de Kenwa Mabuni (1887-1952, fundador del Shito Ryu),

Chogun Miyagi (1888-1953, fundador del Goju Ryu) y Choki Motobu (1860-1941), entre otros.

Otro de los maestros que pasó tiempo en Tomari y que dejó asi su legado fué un chino llamado WANSHU, que enseñó el kata que hoy día lleva su nombre (en algunos estilos no se la llama Wanshu sino Enpi). Pese a que estos tres estilos se daban como hemos dicho debido a la localización de cada uno de los tres en ciudades distintas, teniendo en cuenta las similitudes existentes entre el Shuri y el Tomari Te, se suele hablar de dos líneas en cuanto a las características de las katas : la escuela Shorin Ryu (Shuri te y Tomari te) y la Shorei ryu (Naha te)

 

EL KARATE SE ABRE AL MUNDO

Hasta estos años el karate solamente se practicaba en Okinawa, y en secreto debido a los diferentes edictos y prohibiciones ya mencionadas. Una vez desaparecidas estas, aún el karate continuaba siendo transmitido solo a unos pocos, probablemente porque era lo tradicional.

Fue con el período conocido como Meiji (1868-1912) que se instauro en Okinawa el sistema escolar y de reclutamiento. Los médicos encargados de realizar las pruebas para el ingreso en el ejército constataron que los jóvenes que habían practicado karate eran más fuertes y estaban mejor desarrollados que el resto. El comisario de las escuelas públicas, Shintaro Ogawa, recomendó en un escrito al Ministerio de Educación la inclusión del karate en la escuela, como método de Educación Física, como parte de la enseñanza (parece ser que el interés de Ogawa por el karate se produjo a raíz de asistir a una exhibición realizada por Gichin Funakoshi y otros, en la escuela donde éste ejercía como maestro). Incluso el gobernador de Okinawa, Narahara Shigueru recomienda la practica del karate en la escuela como consecuencia de un escrito que hizo Itosu llamado "Itosu Yu Kun" (Las diez lecciones de Itosu) explicando lo beneficioso del karate. La obsesión nipona de la época por la formación física y mental de sus jóvenes como potenciales soldados hicieron el resto. En 1902 se acepta y pone en práctica, Y el karate se incluye dentro de algunas escuelas (Escuela Secundaria de Daiichi y Escuela Normal Masculina). Se introduce así el karate en la escuela, pero solo en Okinawa.

En 1905 el maestro Itosu crea los katas Pinan  para facilitar así en aprendizaje de las técnicas básicas, así como las tres versiones de Nainhanchi (Tekki en japonés). El sufijo dan en Shodan, Nidan, etc... es un vestigio de la escuela Jigen.

En 1906 se crea un grupo de karatekas (con G. Funakoshi al frente) que se dedica a hacer exhibiciones por toda Okinawa, contribuyendo así al paso de la clandestinidad al público en general.

Con el paso de los años, los practicantes de karate más jóvenes empiezan a ejercer como maestros y a admitir más alumnos.

En 1914 y 1915 se crea un nuevo grupo (formado entre otros por Funakoshi, Mabuni, Motobu y Gusukuma) que va mostrando el karate por toda la isla, haciendo exhibiciones, dando conferencias...

Por primera vez en 1916 ó 1917 el karate sale fuera de Okinawa, para representarla en el Butoku-den de Kyoto (donde se realizarían exhibiciones de diversas artes marciales)

También cabría destacar una serie de situaciones que contribuyeron a dar a conocer el karate en el resto de Japón, como la visita a Okinawa en 1921 del príncipe heredero (que posteriormente sería el emperador, quien presenció una exhibición de karate y quedó impresionado, o el hecho de que algunos cargos de la marina japonesa llevasen a sus barcos a Okinawa para que su tripulación aprendiese algo de karate.


En los años 20 empiezan a aparecer los primeros Dojos (que significa lugar donde se aprende el camino) , a veces en la propia casa del maestro, y a crearse las primeras asociaciones, como la “Sociedad de Estudio del Karate” (más tarde Club de Estudio del karate de Okinawa) fundada por Kenwa Mabuni (y de la que formaba parte Chogun Miyagi) o la “Okinawa Association for the Spirit of the Martial Arts”, presidida por Gichin Funakoshi, así como las primeras publicaciones (la primera “RyuKyu Kenpo : Karate” de Gichin Funakoshi, publicada en 1922). También contribuyeron a dar a conocer el karate las proezas de otros karatekas que obtuvieron gran renombre, como Choki Motobu y otros.

El karate además se introduce en las Universidades como método de Educación Física, siendo pionera á facultad de Keio en Tokio. La seguiría Takushoku, y sucesivamente otras universidades de la capital y el resto de Japón.

El gobierno  japonés había creado la Dai NIppon Butokukai, un organismo cuyo fin era velar por las tradiciones marciales.

En esa época de auge del karate, los pioneros que viajan a Japón se relacionan con otras artes marciales, principalmente Kendo y el Judo (por ejemplo Funakoshi tuvo contacto con Jigoro Kano, fundador del Judo, y dio clases durante algún tiempo en el dojo del maestro de kendo Nakayama). Esto se debió a que el karate estaba desorganizado, no existís un sistema de enseñanza determinado ni una unificación entre los maestros (de hecho, ya empezaban las diferencias e incluso las hostilidades).

Debido a esta desorganización, la Butokukai exigió a los maestros de karate que adoptaran el sistema dan-kyu (de grados) del Judo de Jigoro Kano, y fomentó la competición como prueba de habilidad.

Tras la Segunda Guerra Mundial, la ocupación americana de Japón contribuyó decisivamente en la expansión del karate fuera del país del sol naciente. Los militares pronto se interesaron por el karate, y se dieron muchas exhibiciones en las bases, y muchos soldados y pilotos fueron instruidos.

Posteriormente, muchos maestros de karate salieron de Japón, estableciéndose en Estados Unidos o en Europa, dando a conocer así el karate por los 5 Continentes.

 

Es por todo esto que tanto El Karate como el Kobudo son el regalo que Okinawa le ha dado al Mundo. No obstante recien en el año 1997 ambas disciplinas son reconocidas por el Ministerio de Cultura del como patrimonio cultural del Japon.

 

 

CHATAN YARA

Era un día cualquiera del mes de noviembre en los inicios del siglo XVIII. En el otro lado del planeta, filósofos occidentales, como sir Francis Bacon en Inglaterra o René Descartes en Francia, desarrollaban las bases del pensamiento moderno que desde entonces llamamos "la Era de la Luz". Inglaterra inauguraba un gobierno parlamentario y el resto de Europa se consumía en peleas coloniales.

Mientras todos estos acontecimientos se desarrollaban allende los mares, aquel joven se encontraba subido en lo alto de la colina que dominaba el puerto de Fukien, China, y solo se preocupaba en sentir la brisa del viento que le soplaba en la cara y el ruido que la corriente de aire producía en sus oídos. Su pensamiento se hallaba más lejos que la línea del horizonte, soñaba en las islas del archipiélago de Ryukyu, allí por donde, entre la bruma, el sol se pone al atardecer.

La melancolía que su cara expresaba y la lasitud de su cuerpo, no se correspondían con la fuerza y el aspecto físico que aquel joven poseía.

"Tienes añoranza," le dijo el viejo que estaba sentado detrás de él, mientras observaba su estado anímico. "No te preocupes, mi querido y alumno", continuo, "pronto estarás en casa".

El joven volvió la cara y miro al anciano con expresión de sumisión. Hacía 20 años desde que abandonó su pueblo en Okinawa y había permanecido en China durante todo ese tiempo, para aprender las artes marciales con aquel venerable abuelo que le aceptó como discípulo. Ahora era el guardián transmisor de las técnicas secretas que la familia del anciano maestro atesoró durante siglos.

"Me pregunto si las cosas seguirán igual en mi pueblo cuando regrese", dijo Yara, que así se llamaba el joven.

"Todos los fenómenos son impermanentes", según Buda. Lo viejo se va y lo joven se volverá viejo", sentenció el octogenario.

Yara, cuando era un niño de tan solo 12 años de edad, fue llevado por sus padres a China para que se instruyera en el arte de la lucha bajo la disciplina del Maestro Wong. Ser artista marcial estaba muy bien considerado socialmente por aquellos años, sólo los nobles tenían acceso a ellas y por este motivo si un campesino como él lograba el grado de maestro, no sólo era un gran prestigio personal, sino que toda su familia también gozaría de esa reputación.

Apenas recordaba nada de Chatan, su pueblo natal. No podía imaginarse que con el transcurso de los años acabarían llamándole Yara Chatan, y que su nombre sería más recordado que el de su propio pueblo.

De niño, encontró muchas dificultades de adaptación lejos de su casa, pues las costumbre en el área de Fuchou, donde vivía, eran muy diferentes a las de Okinawa. Tenía el triple cometido de aprender la difícil lengua nativa, las costumbres locales y el laberinto de las artes marciales. Lo último era probablemente lo más difícil, debido a que las formas disciplinarias chinas eran totalmente diferentes a las okinawenses que, en aquel entonces, eran unas islas sometidas militarmente por China y mantenidas en la ignorancia.

En Okinawa siempre estaba en contacto con el viento, el mar y los tifones que rugían desde el mar de la China. La naturaleza era su absoluta maestra, y la única escuela a la que asistían los niños era el aire libre. Pero todo cambió el día que llegó su tío de la ciudad de Naha y se lo llevó a China que por entonces representaba ser el único país donde se podía ir para adquirir cultura y conocimientos prácticos.

Su tío, que era comerciante, convenció a sus padres después de una larga conversación de que su hijo pequeño, que era fuerte como un toro y que tenía un carácter disciplinado, podría llegar a ser un gran artista marcial. Todos estuvieron de acuerdo en que el mejor sitio para aprender era China.

Efectivamente, desde el año 1392, un gran número de familias chinas se asentaron en Okinawa y durante siglos sirvieron en puestos oficiales. La influencia china duró hasta el reinado del Emperador Sho Tai (1848-79) y, fue entonces cuando se produjo el fenómeno a la inversa; los okinawenses viajaban a China en busca de cultura y de estudios avanzados. El dominio del bilingüismo era muy apreciado por esa época y un factor cultural con el que se alcanzaba un alto estatus social y económico.

Al llegar al puerto de Fukien, pronto pasó a ser un deshi (aprendiz) del Maestro Wong Chung-Toh, el cual se encargó de aplicar la disciplina del entrenamiento físico y la filosofía espiritual que tanto necesitaba la fuerza bruta de aquel niño. Aprendió las formas de un arte chino denominado Sing.- I, que se basaba en la defensa personal y sistemas de entrenamiento orientados hacía la búsqueda espiritual Chi-Kung. Yara, bajo este tutelaje, acabó siendo un gran artista marcial y un pionero en los conceptos espirituales dentro de las artes marciales que posteriormente inundaron el archipiélago de las islas RyuKyu.

Durante su permanencia en China, Yara empleó la mayor parte de sus energías en el aprendizaje del arte del Bo (palo largo) y de los Sais (utensilio de labriego destinado para escardar la paja). Fue tal el interés que demostró por estos instrumentos que acabo por conseguir, después de largos entrenamientos día tras día y año tras año, que estos utensilios fueran una extensión de su propio cuerpo. Pero el mayor regalo que trajo de China para Okinawa fue el sentido del equilibrio. El concepto del equilibrio es el punto central del que parte todo conocimiento, no solamente en lo referente al mundo físico, sino al espiritual. La calma de la mente se manifiesta en un cuerpo en calma y viceversa. Yara fue el embajador en Okinawa del concepto de "la fuerza interior", esencia que aprendió por medio de la práctica intensiva del Chi-kung y del Sing-I. Ambas formas han perdurado hasta la actualidad, empleándose el Chi-Kung especialmente como gimnasia terapéutica de origen chino.

Todas estas formas de entrenamiento lograron por fin, al cabo de los años, que aquel joven de poderosa fuerza bruta consiguiera unir su cuerpo y su mente en perfecto equilibrio, domando el primitivo carácter impulsivo juvenil.

Como tenía aquella fenomenal fuerza física, Yara era atraído especialmente por los entrenamientos que requerían impactos o contacto cuerpo a cuerpo. Todos aquellos que estaban relacionados con la velocidad o la fuerza levantaban en él especial entusiasmo. Pero, gracias a la paciencia de su Maestro, los secretos profundos del balance y la armonía fueron impregnando su ser hasta llegar a ser un Maestro de la quietud.

Cada día, durante sus entrenamientos, el maestro encontraba la oportunidad para empujarle suavemente hacia cualquier dirección, haciéndole tambalear. Al principio le era imposible mantenerse firme mientras resistía el empuje. Por fin, al cabo de muchos, acabó por descubrir intuitivamente que la clave del equilibrio no estaba en "resistir", sino en absorber y acompañar la fuerza externa: Aprendió el arte de la esquiva Tai-sabaki.

"Todas las cosas encuentran su integración en unidad", le repetía su maestro cada vez que perdía el equilibrio. Esta misteriosa frase, que memorizó a la perfección, no conseguía entenderla; ¿integración?, ¿unidad?

Un día, de repente, la palabra que había oído repetir a su Maestro insistentemente, "unidad", entró poderosamente en su mundo conceptual:

Mientras estaba realizando unos movimientos muy complicados que requerían equilibrio, giros, saltos, potencia y precisión, notaba que nunca lo conseguía hacer bien, su mente siempre pensaba en lo que estaba haciendo, y esto era tan complejo que era imposible controlarlo todo al mismo tiempo. Se sentía frustrado. En un momento preciso, cuando su cuerpo llegó a estar totalmente agotado, de repente sintió como éste se movía por si solo ¡sin el control de su voluntad! Todo su cuerpo se inundó después de una sensación de plenitud, serenidad y armonía. No había más juicios ni pensamientos adversos, todo era paz. ¿Qué estaba sucediendo?

Había descubierto la unidad del cuerpo con la mente. El equilibrio que estaba buscando se podía lograr solo si el cuerpo y la mente individualmente, cada uno por sí mismo, estaban en equilibrio. Era el Zanchin.

El maestro que le estaba observando atentamente, se levantó, le hizo una reverencia muy lenta y le dijo: "Ya has llegado, a partir se ahora serás siempre tu mismo. Tu mente y tu cuerpo son la misma cosa. Ya puedes volver a Okinawa."

Yara, tardó 20 años en sentir que los conceptos de unidad y equilibrio eran la misma cosa y que el segundo era consecuencia del primero. La complejidad de estas percepciones estaban solo al alcance de aquellos que durante muchos años y bajo la dirección de un experto Maestro , se entregaban en cuerpo y alma con total respeto.

Durante toda su vida recordó, y posteriormente enseñó en Okinawa, aquella misteriosa frase que encierra el misterio de cualquier transformación en la vida:

"EL TIEMPO ES IMPORTANTE SOLO PARA LOS SERES QUE NO TIENEN PACIENCIA".

El Maestro, con una sonrisa maliciosa y benevolente al mismo tiempo también repetía frecuentemente a sus alumnos:

"Cuando esperas a alguien que amas, 10 minutos es mucho tiempo. Si entrenas para buscar la perfección, 50 años es solo el principio."

Todos estos pensamientos se manifestaban en el vibrar de sus ojos mientras descendía la colina al lado de su mentor. Por primera vez desde que era niño sintió un nudo en su garganta. Al día siguiente su barco zarpaba para Okinawa. Eran los últimos momentos al lado de Wong, sabía que nunca le volvería a ver. Una mezcla de pena, melancolía y gratitud se mezclaban en su alma solo calmada por la ilusión del cambio, la transformación de la que tanto había hablado su venerable profesor. "Qué maravillosa energía tiene el estudio de las Artes Marciales, que hasta en el despido se encuentra el equilibrio del alma..", pensaba Yara. Su Maestro, al lado, en unidad con él, sentía exactamente lo mismo, no hacían falta palabras, la emoción era el vínculo que unía a aquellos dos buscadores del todo.

Todo estaba en equilibrio.

El barco de vela estaba apunto de partir. Dos pequeños bultos a ambos lados de Yara guardaban todas sus humildes pertenencias. Uno redondo con una muda de ropa junto con la comida cuidadosamente cocinada por su Maestro, y el otro alargado, guardando con esmero un Bo y una pareja de Sais. Mientras hacía la reverencia del despido, su corazón latía tan fuerte como los recuerdos que atesoraba dentro de sí. Desde la línea del horizonte, Yara veía alejarse el puerto de Fukien. En su mente se difuminaban las montañas de China, mientras que la imagen sonriente de la última expresión del rostro de su maestro, se agrandaba en el recuerdo que le acompañaría para el resto de su vida. Nunca más le volvería a ver, pero siempre estaría con él en cada movimiento, en cada pensamiento e incluso en cada toma de decisión.

Llegada a okinawa

Okinawa, en aquel tiempo, era un feudo protegido de China y la isla dependía del Emperador que tenía el control militar y comercial. La "protección" era necesaria para salvaguardarse contra los piratas que patrullaban asolando brutalmente los numerosos estrechos que separaban las islas. También existía un peligro mayor y mejor organizado : el clan de los Satsuma, provenientes de Japón, el cual estaba perfectamente militarizado. Los gobiernos del Emperador de China y de Japón habían llegado a concertar un buen tratado para los dos países que controlaba no solamente el comercio de productos sino el intercambio cultural. Okinawa quedaba en el medio sin apenas capacidad de influencia; era un feudo subordinado a los caprichos de dos grandes países y, naturalmente, su comercio era controlado por funcionarios chinos y japoneses. Favorecidos por esta situación politica, en determinadas épocas del año, los japoneses viajaban a Okinawa para comerciar con los mayoristas isleños, mientras que los oficiales chinos miraban discretamente para otra parte, pretendiendo no ver lo que estaba gestionándose. No obstante, en una situación tan irregular los roces entre las tres nacionalidades eran frecuentes. Los japoneses, fuertes de carácter, hubieran preferido que los chinos abandonaran las islas y esta circunstancia se manifestaba en numerosos altercados y violaciones de derechos contra los campesinos okinawenses. Por el otro lado , los chinos pretendían introducir sus costumbres y cultura, por eso durante el mes de octubre se celebraban las fiestas tradicionales chinas, obligando a los nativos okinawenses a asistir. Naturalmente que lo hacían, solo bajo la amenaza de las armas. El clan Satsuma había mantenido las normas antiguas mantenidas desde el siglo XVI (Hideyoshi, año 1588), requisando todas las armas pertenecientes a los okinawenses lo cual dejaba a estos sin ninguna posibilidad de defensa militar.

Aquella orden se denominó "Caza de espadas", por la que se requisaban todas las armas en manos de los campesinos. Con esa política se anulaba cualquier posibilidad de rebelión de la plebe. Desde entonces llevar espada era un privilegió exclusivo de los samuráis.

Tres años más tarde se reforzó esta iniciativa con el "Edicto de separación". Con él se obligaba samuráis a vivir en el castillo de su señor. El campesinado debía permanecer en el campo y tenía prohibido el acceso a la vida militar.

En el 1603, Tokugawa, era nombrado shogun. Daba comienzo una larga etapa de paz, muy próspera en lo que al estatus del samurái respecta. La era Takugawa supondría una metamorfosis del guerrero en burócrata.

Takugawa, oficializó la división de clases y las convirtió en hereditarias. El nuevo modelo social se basó en el confucioniano. Éste era un credo fuertemente elitista, el confucianismo, demandaba de cada clase una entrega total a la superior. Valoraba el trabajo agrícola, pero despreciaba toda ocupación relacionada con el enriquecimiento personal. Así pues, el orden jerárquico japonés quedó compuesto por nobles, samuráis, campesinos, artesanos y comerciantes.

Este factor fue, como veremos posteriormente, importantísimo para el desarrollo de las Artes Marciales en el archipiélago de Okinawa.

Bajo estas circunstancias, los únicos que perdían eran los okinawenses.

Cuando los extranjeros japoneses cometían algún tipo de excesos o tropelías, los oficiales chinos miraban para otro sitio sin defender a los nativos. Por estos motivos, el pueblo okinawense desarrolló un carácter de supervivencia social, necesitando imperiosamente mantener su nacionalismo e identidad. La presencia física de cualquier persona que pudiera aportar algo a la cultura local o a la defensa de los campesinos, era recibida como el agua de lluvia después de la sequía.

Cuando posteriormente los japoneses abandonaron Okinawa, pretendieron que la isla dejara de ser un feudo Chino. Naturalmente no podían permitir tener bajo sus pies un territorio bajo el dominio de Emperador de la China.

Esta era la situación que encontró Yara a su regreso. Sus padres, aun contentos por su regreso, pretendían no mostrar ningún signo de añoranza por otros tiempos mejores. Como si nada hubiera pasado durante los años de ausencia del pequeño. Lo único que les importaba era que su hijo había vuelto después de 20 años de ausencia.

El hermano de Yara era el alcalde del pueblo, y tenía muchas responsabilidades que podía compartir con el recién llegado, especialmente porque leía y escribía chino a la perfección. Una persona con esas características era muy apreciada por los comerciantes y por los oficiales del gobierno. Su trabajo como traductor e interprete era tan solicitado que, apenas tenía tiempo para continuar con los entrenamientos de su adorado arte marcial. Entrenaba durante algunas horas del amanecer, suficientes para mantenerle en buena forma física.

El ronin

Los pocos momentos que tenía libre eran empleados por Yara para pasearse por las playas y cuevas, que eran el entorno natural del pueblo. Un día, mientras gozaba de uno de estos agradables paseos, oyó un grito histérico que pedía ayuda. Se detuvo y prestó atención cuidadosamente. El soplar del viento y el monótono murmullo de las olas le impedían focalizar el origen del chillido. Entonces centró toda la atención en el sentido del oído, cerrando los ojos, aflojando todos los músculos del cuerpo y calmando la respiración.

Los gritos llegaron claros a sus oídos y en un instante, Yara estaba corriendo hacia el origen del extraño ruido. Cuando alcanzó la cresta de una duna , quedó sorprendido al ver a un ronin molestando violentamente a una joven. El samurai le vio bajar corriendo la duna mientras todavía mantenía agarrada a la joven.

A finales del siglo XVI, los más de cien años de guerras civiles crearon un fondo cada vez mayor de samuráis sin empleo. En la mayoría de los casos, las guerras terminaban con el daimio vencido restaurado en sus dominios tras jurar lealtad al vencedor, pero en ocasiones el señor resultaba muerto. En este caso, el samurái a su servicio se convertía en ronin, ("hombre de las olas"; porque, como las olas arrasaban con todo). Por lo general, solía alistarse rápidamente en el ejercito de otro daimio, puesto que un señor de la guerra ambicioso necesitaba a todo samurái que pudiera encontrar.
Las oportunidades empezaron a disminuir para estos ronin a partir de la era Tokugawa en el siglo siguiente. Todos los daimios se encontraban al servicio del Shogun (rey). Sus propiedades estaban requisadas, y también el volumen de sus tropas. Era difícil reclutar nuevos soldados, sobre todo si éstos se habían enfrentado al clan de los Tokugawa, ahora en el poder. Así, muchos guerreros sin dueño se dedicaron a vagabundear.
Algunos decidieron llevar una vida independiente, viajando por el país en una especie de peregrinación guerrera retando a combate a otros samuráis. Otros se convirtieron en maestros de esgrima. Hubo quién se internó en monasterios y se dedicaron a escribir libros sobre el kendo, el camino de la espada. Otros terminaron como guardaespaldas o como matones de bandas criminales. Los más desconocidos son los que fueron en busca de fortuna al extranjero, fuewse como comerciantes, piratas o mercenarios en tropas de Siam (Tailandia), Corea o Vietnam.

"¿Por qué no dejas a la muchacha libre?" gritó Yara, superando el zumbido del viento y el rodar de las olas. "Si quieres una chica, hay muchas en la calle Aka-sen en Naha.

Mientras decía esto, Yara se aproximaba al samurai lentamente, sin ninguna expresión en la cara. Cuando llegó a estar cara a cara con el agresor, añadió: "deberías tener vergüenza de ti mismo , un samurai atacando a una indefensa joven". Aprovechando estos momentos de incertidumbre, la joven se zafó del agarre de su atacante, voló corriendo hacía unas dunas cercanas y ocultándose lejos mientras espiaba el acontecimiento que se estaba produciendo entre los dos hombres.

Yara, con tranquilidad, miraba al samurai, y se dio cuenta de que el kimono llevaba el emblema del clan de Satsuma. Después miró la empuñadura de la espada y remarcó que era de buena calidad. Esta mirada fue notada por el samurai, el cual agarró la empuñadura y movió el cuerpo hacia un lado.

Yara, instintivamente, dio un paso atrás y dejó caer los brazos sin fuerza a ambos lados como si de dos cuerdas se tratara. Se daba cuenta de lo delicado de su indefensa situación cuando el ronin desenvainó la espada lentamente y avanzó hacia él.

Yara esperó.

Por primera vez en su vida, a la edad de 32, se encontró en una situación de vida o muerte. Esto no era un entrenamiento. Era un momento crucial en el que su vida podía acabar en un instante. Empezó a tensarse al ver como el hombre armado se aproximaba cuidadosa y lentamente. Entonces, como una iluminación, las palabras del viejo Maestro llegaron a su mente: "Si la mente no esta tranquila, no se puede concentrar."

Tomó entonces una inspiración profunda y relajó los hombros. Dio un paso atrás nuevamente mientras espiraba, permitiendo que sus sentidos descendieran hasta el hara (bajo abdomen). Toda la tensión y el nerviosismo desaparecieron. Estaba listo para tomar la acción con las manos desnudas.

El samurai, lentamente, movió su espada hasta la posición renoji-dachi (paso adelante con la espada en alto) y paró ahí. En parpadeo de los ojos lanzó su ataque. La espada describió un semicírculo lateral en un clásico corte de do, pero Yara ya había retrocedido dos pasos, evitando el golpe que acabó cortando solo el aire que había dejado su cuerpo. Yara acabó de rodillas en la arena blanda. Entonces, el enfadado samurai arrancó a correr torpemente hundiéndose en cada paso hasta las rodillas mientras mantenía a la espada por encima de su cabeza. La escena hubiera parecido hasta cómica, si no fuera por que una katana es un arma mortal y la intención del que la llevaba, asesina.

Yara decidió volver sobre sus pasos cuidadosamente mientras envolvía al samurai y se situó en el rebalaje de la playa, acto que enfadó mucho más al excitado ronin.

La muchacha entonces quedó aterrada al ver que Yara se dirigía hacia la posición que ella ocupaba, se sintió perdida, el samurai la descubriría nuevamente. Miró entonces a su alrededor y observó que había a unos metros de distancia un barco de pescadores volcado del que asomaban el mango de dos remos. Corrió velozmente hasta ellos y, liberando uno, se lo lanzó al muchacho que venía con grandes zancadas directamente hacía ella.

Yara tuvo la mejor oportunidad de su vida, agarró el remo y en una décima de segundo se encaraba al samurai con más posibilidades que instantes antes. El samurai renegaba de sí mismo, mostrando signos de gran cólera. Había perdido la enorme ventaja que significaba enfrentarse a un hombre sin arma alguna. Frenó entonces su carrera y adoptó una posición jo-dan kamae (posición de ataque que mantiene ambas manos por encima de la cabeza preparando el arma). Permanecieron en esa actitud unos momentos mientras se miraban fijamente. Yara adoptó la posición zenkutsu dachi kamae ( una pierna extendida y la otra estirada con el remo 45º a un lado ). Esa posición era la preferida por los artistas marciales más avanzados que solo la adoptaban cuando se está dispuesto a vencer en una sola acción o a morir.

La joven veía cómo los dos enemigos se observaban como estatuas mientras el bufido del viento y el ronronear de las olas daban a la escena un marco trágicamente grandioso.

De repente, el samurai se lanzó hacía él, haciendo descender su sable hacia abajo con gran fuerza. La reacción de Yara fue instantánea: golpeó con su remo la empuñadura de la katana. El golpe fue realizado a la perfección, mandando hacia el cielo la espada, pero en el momento del impacto, Yara inexplicablemente había saltado por encima de la cabeza de su oponente situándose en una posición extremadamente expuesta. Fue una acción muy delicada debido a la inestabilidad de cualquier gesto en el aire, pero la jugada salió bien. En el momento que el hombre del clan de Satsuma sintió que perdía el agarre de la espada larga, se inclinó sobre una rodilla y baldío la espada corta. Todavía no había aterrizado Yara cuando le aplicó una patada lateral a la cabeza que hizo vibrar todo del cuerpo del samurai. Cayó hacia atrás, a los mismos pies de la joven que acababa de molestar. Desesperadamente intentó levantarse del suelo, pero Yara cayó sobre él como un rayo, descargando el remo con toda su fuerza sobre su cabeza reventándole el cráneo.

Murió en el acto.

La joven, muy nerviosa, miró frenéticamente a su alrededor para comprobar si alguien había visto la batalla. Cuando comprobó que no había testigos se sintió aliviada y dijo, "Ayúdame a enterrarle. No preguntes nada ahora. Eres nuevo aquí, te explicaré más tarde".

Obedeciendo el consejo, Yara arrastró el cuerpo todavía caliente hacía unos densos matorrales . Entre ambos cavaron un profundo hoyo donde acabó sus días el bandido sin historia y sin honor.

" Si los otros samuráis encuentran a este con el cráneo partido," dijo sofocadamente la joven, " se vengarán contra otros nativos del pueblo".

" ¿Qué pasará cuando sus amigos le echen de menos? ", preguntó Yara, "¿qué pasará entonces?".

"No le echarán de menos. La mayoría de los samuráis que vienen aquí son ronin saqueadores y los demás creerán que ha ido a otro sitio en busca de otro botín. Son nómadas y no permanecen en el mismo sitio durante mucho tiempo".

"¿Me estás diciendo que este tipo de cosas suceden frecuentemente?", preguntó Yara todavía excitado después del combate. " Acabo de regresar de China hace tres meses y mis padres y hermanos no me habían dicho nada acerca de este tipo de tropelías".

La chica miró dudando del origen de Yara y pensó, " Sin duda es un experto artista marcial. Ha podido defenderse contra un samurai armado. Posiblemente lo podría hacer contra cualquier otro". Comenzó entonces a hablar con Yara en un sentido agradecido y dándole cumplidos: "Debes haber entrenado durante muchos años artes marciales. Nadie que yo conozca puede enfrentarse a un samurai, y menos aún vencerle".

" He entrenado durante 20 años en China, " contestó Yara, "pero nunca he entrenado para esto. He de admitir que la filosofía y la cortesía no son la mejor defensa contra el comportamiento demostrado por este samurai".

La joven no pudo contenerse más tiempo y comenzó a hablar a Yara en un tono que mezclaba la súplica con imponerle una obligación, casi una orden.

"¿ Enseñarías tu arte a nuestro pueblo ?" preguntó nerviosamente. " Estos son tiempos tormentosos y necesitamos aprender cómo defendernos de estos extranjeros".

Yara, impresionado por la urgencia que manifestaba su voz, dijo que lo pensaría, luego la condujo lejos de la horrible tumba. En quince minutos llegaban a las estribaciones de un pequeño pueblo de pescadores.

"Ya hemos llegado", dijo la joven. "Este es mi pueblo. Estaríamos encantados si en alguna ocasión pudiéramos recibirte con honor. Yo vivo en la casa del alcalde . Dicho esto, partió pronta y quedó Yara solo mientras miraba a la joven alejarse corriendo.

Los días que siguieron se caracterizaron por la germinación de la semilla que ella había plantado en su cabeza. Durante los entrenamientos que siguió haciendo, una idea no se apartaba de su cabeza: enseñar a los jóvenes nativos sus conocimientos marciales. Comenzó a hacer indagaciones sobre las actividades de los comerciantes y samuráis japoneses. Después de todo, se trataba de su país.

Cuanto más pensaba en el dilema, más razón que tenía la joven de la playa. Los piratas y los saqueadores hacían la vida imposible y miserable para los auténticos dueños de Okinawa: los campesinos pobres y analfabetos. Por fin, un día tomó una decisión e inmediatamente la puso en práctica. Recogió a un grupo de entregados alumnos y comenzó la instrucción del arte de la lucha sin armas: el arte de la mano vacía.

Los entrenamientos se realizaban durante las frías horas del alba. Solo aceptó a dos o tres alumnos simultáneamente, que eran primos hermanos de un mismo pueblo.

El chichón

Comenzaron los vecinos del pueblo a oír los sonidos típicos del entrenamiento de las artes marciales; gritos, resoplidos y choque de palos. Poco a poco se fueron acostumbrando a aquellos ruidos nuevos que salían de la casa de Yara. Cuando algún extranjero visitaba el pueblo, Yara inquiría a sus discípulos que no hicieran ruido y entrenaran silenciosamente, pues el entrenamiento de cualquier tipo de lucha o el uso de armas estaba absolutamente perseguido por las autoridades japonesas. Durante esa época los alumnos se concentraban en las técnicas de potencia, incluso durante la práctica de las katas, golpeando troncos de árboles y haciendo los más duros entrenamientos gimnásticos con mancuernas de piedra tallada.

Sucedió que, aún a pesar de intentar mantener el secreto de las clases en el más riguroso misterio, todo el mundo acabó por enterarse. Un día mientras trabajaba en la profesión que le daba de comer; traducciones del chino al japonés, su cocinera le anunció la llegada de un extraño que había venido de lejos solo para hablar con él.

" Este hombre no es del pueblo ni de esta parte del país," remarcó el ama de casa, "pero parece fuerte y aparenta ser un artista marcial".

Yara se sintió tenso cuando escuchó esto. Se dirigió al patio con cierta aprensión y vio un joven de unos 20 años, bajo y muy robusto, que le esperaba sentado en la barandilla con una actitud altiva, mientras mantenía una pareja de sais en una mano y la otra se apoyaba en su cadera. El extranjero se incorporó cortésmente y se acercó a él.

"Perdone que le moleste,"dijo en un tono cortes pero al mismo tiempo arrogante, "¿Es usted Chatan-Yara?" Ya por entonces la buena reputación de Yara había merecido por parte de los campesinos poner el nombre del pueblo donde nació , Chatan, delante del suyo propio.

"Sí, soy yo," respondió mirando fijamente a los ojos del extranjero.

"Soy de la isla de Hama-Higa,"dijo animosamente el joven. Yara, inmediatamente recordó que esta isla es famosa por el buen uso en el arte del sai y de las tonfas (instrumento de labriegos para romper el trigo), de lo que estaban muy orgullosos sus ciudadanos.

"Mi nombre es Shiroma y he venido desde mi isla con la esperanza de que usted me enseñe lo que yo no sepa del uso del sai."

"Yo no doy clases si no me es introducido el alumno por alguien conocido", respondió Yara, que sonrió mientras daba la espalda e iniciaba el regreso a su trabajo.

"¡ Un momento!" , gritó el extranjero, colocándose de un salto detrás de él. "Yo no he hecho todo este viaje para que me dé la espalda. He recorrido una gran distancia para encontrar a un experto superior a mí con los sais. Ya he encontrado a otros "llamados" maestros y los he vencido a todos, y he venido a verle suponiendo que eres el más grande en Okinawa. Esto es lo que me dijo la hermana del alcalde de este pueblo. Una lección con usted valdrá para saber si ella tenía razón o no."

Yara en esos momentos estaba más preocupado en lo concerniente a la indiscreción de la joven que en la propuesta del retador.

"Esa hermana del alcalde, ¿es una chica menuda con los pómulos de manzana?".

"Sí," contestó el extranjero, "se ajusta a la descripción. En ese caso, usted debe ser sin duda el gran Chatan-Yara y no he venido en vano."

"Dime joven," continuó Yara, "¿has pasado por la disciplina de los entrenamientos de Tsu Ken Shita Acu?". Esta era la escuela de más reputación de Okinawa.

"Sí, su técnica de sai es buena, pero su maestro, por desgracia, no está en sus plenas facultades por culpa del sake y decidí dejarle".

Yara estudió al joven detenidamente. Vio un aura de gallo vanidoso y decidió darle una clase de humildad, después de todo la culpa de esa arrogancia no era toda de él sino de la torpeza filosófica de su maestro. El único problema que tenía era cómo darle la lección sin herirle. En el fondo, Yara sentía pena por él. Este joven pertenecía al grupo numeroso de artistas marciales que basaban excesivamente sus capacidades físicas en la fuerza y desestimaban el poder superior de la mente.

"Ven a encontrarte conmigo mañana a la salida del sol en la playa", soltó Yara, y te daré una lección." Después de esto, se retiró a su trabajo.

Al día siguiente, como se prometió , Yara estaba sentado en la playa sumido en aparente profunda meditación, mientras el sol iluminaba de color naranja sus hombros. Sentía una maravillosa armonía con el cielo y la tierra. Sin mirar, podía sentir que algo que se acercaba lentamente, con cautela, alteraba su calma. El hombre que se acercaba venía lleno de tensión y excitación extrema. Yara lo podía sentir, y esperó hasta que la dura energía del joven estuviera a dos metros de distancia. Entonces abrió los ojos.

"Aquí estoy", dijo Shiroma, sacando los sais del cinturón y manteniéndolos colgando a ambos lados del cuerpo. Yara sonrió y se levantó.

"¿Estas listo para tu lección?", preguntó Shiroma.

El inocente joven adoptó una postura defensiva. Yara quiso humillar al trozo de "hoja de lata" que tenía delante, y presentó una postura de brazos caídos sin preparación ninguna. Shiroma sintió que el kamae (postura) y la calma que adoptaba Yara era la de un experimentado maestro. Entonces se decidió por una estratagema; girar hacia el mar esperando que el sol quedara a su espalda. Ésta esperaba que fuera su gran ventaja.

"Si me pongo en una posición donde el sol le dé directamente en los ojos," pensó, "estará durante unos momentos ciego a mis ataques".

Mientras Shiroma giraba hacia su premeditada posición, mostraba una gran tensión y exceso de concentración. Una voz interior le decía, " Inicia tu ataque en el momento en que el sol ilumine sus ojos. ¿ Porque este demonio está tan tranquilo? Tengo que vencerle en el primer ataque, con un hombre así no tendré una segunda oportunidad". Su mente bullía de actividad.

Shiroma, por fin, estaba a un paso de lograr que el sol iluminara la cara del maestro. Yara todavía permanecía sin moverse con los brazos colgando y sin ninguna guardia, lo cual le enervaba aún más y le hacía sentirse incómodo.

Como un relámpago, Shiroma dio su paso final, y solo entonces Yara levantó un sai. Fue la ultima cosa que recordó Shiroma.

Este acontecimiento lo contó después con gran orgullo numerosas veces: "En el momento cuando encontré la posición que estaba buscando, el Maestro levantó un solo sai y lo usó como un espejo, reflejando la luz del sol contra mis ojos. Me hizo víctima de mi propio juego. Mi trampa fracasó, y más tarde desperté en la puerta de la casa del Maestro con un fuerte dolor de cabeza y un chichón enorme".

Shiroma permaneció después durante muchos años con el Maestro Yara. Lo tenía todo, fuerza, agilidad, vocación, pero pensaba demasiado y esto era la razón de sus desequilibrios físicos y síquicos. Con los años se calmó.

Durante los años siguientes, la historia de Yara pertenece al misterio. Parece ser que el resto de su vida lo dedicó a dar clases de arte marcial secretamente a alumnos muy escogidos. Vivió del arte de la caligrafía y la traducción.

Yara no se dedicó, como lo hicieron otros maestros posteriores, a crear escuelas y propagar sus descubrimientos, pero dejo hasta nuestros días las katas de Bo y Sai denominadas : Chatan-Yara bo kata y la Chatan-Yara sai kata.

Estas katas, para el Bo y los Sais representan un aspecto único en el conjunto de técnicas de lucha okinawenses, esto es, introducir, mientras se usan las armas, las manos vacías como en las técnicas del karate.

Este Gran Maestro quedó en las arenas del olvido; de él no se sabe apenas nada, ni dónde está su tumba, pero su grandeza y su humildad llegaron hasta nuestros días por el suceso de dos acontecimientos que en aquellos tiempos eran muy comunes: Un reto a muerte contra un peligroso ronin vagabundo y delincuente; y un reto contra un joven equivocado por la mala instrucción recibida de un maestro bebedor. Pudo alcanzar la gloria en vida, pero prefirió el silencio. Así, podemos ver cómo a veces la sencillez y la humildad pueden vencer el ruido del tiempo.

Nunca sabremos si una frase o una acción realizada en un determinado momento han tenido eco o caerá en el olvido, lo importante es hacerla sin pensar en la posible repercusión futura. Las Artes Marciales, si son aprendidas por medio de la ética, siempre producirán acciones justas en equilibrio con la situación que este sucediendo en cada "aquí y ahora". Así se deben enseñar y practicar: por eso se debe entrenar con el espíritu abierto y el corazón entregado.

"Si quieres estar en armonía con tu amor o con tu combate, aprende a reaccionar rápido. A través de una metódica observación, no dejes que tu supuesta experiencia vital te transforme en una máquina: usa esta experiencia para escuchar siempre "la voz del corazón". Aunque no estés de acuerdo con los que esta voz está diciendo, respétala y sigue sus consejos: ella sabe cuál es el mejor momento para actuar y el mejor para evitar la acción incorrecta."

Peichin Takahara

Otro maestro famoso, fue TAKAHARA SHINUN HO o PEICHIN TAKAHARA de Shuri. Peichin, significa Lord, es un título feudal que otorga el rey por los servicios prestados por un samurai, Takahara, Monje Shaolin al servicio del rey, instructor de samuarais, también fue maestro de escuela y cartógrafo. Falleció en 1762. Entre sus alumnos tuvo a Satunuku Sakugawa, otro importante karateka de Okinawa .

La historia nos refiere también a un karateka llamado Shionja de Suri, quien vivió varios años en China y regresó a Okinawa con un militar chino llamado Kung Hsiang Chun a quien los japoneses llamaron Kushanku y tuvieron un gran número de discípulos entre los que también se encontraba Sakugawa.

KARATE SAKUGAWA

El arte del karate como es conocido actualmente, se debe a un hombre nacido en el siglo XVIII llamado Sakugawa. Dejó una amplia estela de conocimientos, entre los que destacan: el dojo kun, o reglas éticas que se siguen en los gimnasios de Artes Marciales, la kata Kusanku, la kata de bo Sakugawa bo kata y el sistema general de entrenamiento que conocemos hoy en día.

Nació en Shuri, Okinawa, el 5 de marzo de 1733 y murió el 17 de agosto de 1815.

Cuando tenía 17 años, sucedió un acontecimiento que marcó toda su vida. Un mal día, su padre fue llevado a casa por varias personas. Había sufrido una paliza y después los agresores le obligaron a beber alcohol hasta el límite que no podía resistir ningún ser humano. Esta agresión se produjo por una venganza: El padre no bebía alcohol hasta emborracharse, cosa poco común en una época donde los campesinos oprimidos por la policía imperial japonesa tenían en esta actividad etílica un medio para expresarse desinhibidamente. Éste motivo fue suficiente para provocar un altercado que acabó con la vida del desafortunado padre de Sakugawa.

En el lecho de muerte, lo mandó llamar, " Hijo, mírame bien. Quiero que me prometas una cosa. Aprende a defenderte y no vivas como tu padre, siempre sometido al capricho de los más fuertes. Debes aprender artes marciales, no vivas humillado como yo. No permitas que abusen de ti ni te hagan sentir ridículo hombres de esa calaña, que cobardemente atacan en manada como perros salvajes".

Después de enterrar a su padre, Sakugawa buscó un artista marcial que pudiera complacer el último deseo de su progenitor, y al cabo de un tiempo oyó hablar de un monje llamado Takahara Peichin. El título Peichin, añadido detrás de su apellido, era una garantía, pues representaba un honor que el rey otorgaba por servicios distinguidos. El monje vivía en un pueblo cercano al suyo, Akata, lo cual era muy conveniente. Visitó a Takahara y le explicó su misión. El monje le escuchó detenidamente y le dio la primera instrucción:

"Las Artes Marciales son un estudio para toda la vida. No es un capricho de meses o años. Es para siempre. Tiene unas bases filosóficas muy profundas centradas en estos principios: Do, un camino de vida, una forma de vivir. Ho, la ley, las reglas estrictas para realizar una kata. Katsu, el uso real de las katas en luchas reales."

Esta introducción impresionó tanto a Sakugawa que no solo se inició en el entrenamiento en cuerpo y alma, sino que lo continuó durante el resto de su vida.

Mientras los años pasaban rápidamente, Sakugawa, se desarrolló como uno de los mejores alumnos bajo la disciplina de Takahara. El sistema de lucha que aprendió se llamaba To-De, el cual era una derivación del Kempo chino. Sin embargo, le faltaba mucho por aprender.

El entrenamiento correcto y la ética aprendida durante tantos años fueron puestas a prueba aquel día cuando el joven Sakugawa decidiera visitar el alegre barrio de Nakashima-Yukaku. Tenía por entonces la fuerza y la poca prudencia de los 23 años. Este arrabal era famoso por tener calles muy licenciosas, en las que la "alegría" corría por las calles sin mucho control policial. Era el sitio ideal para ir a divertirse de una manera desenfadada. El beber alcohol y las bromas de unos a otros eran actividades normales.

La segunda lección, trascendental para su vida, la tuvo aquí y pudo comprobar con gran vergüenza cómo, a pesar de su exquisita educación, se colocó en la misma baja categoría como la que demostraron los que atacaron a su padre.

El encuentro con Kusanku

Mientras cruzaba un puente cerca de la ensenada de Izumizaki, vio a un elegante chino, vestido con ropas de seda, que miraba sobre la barandilla del puente. Parecía ensimismado en la observación del reflejo de la luna sobre las aguas del río. Un repentino impulso se apoderó de Sakugawa. En el ambiente social existía una animadversión hacía los extranjeros, especialmente los chinos, pues éstos eran cultos y muy refinados en la formas sociales . Se vestían con largas túnicas de seda que les daban una apariencia frágil y elegante.

"¡Por fin tenía la posibilidad de burlarse de un chino invasor!", pensó nuestro "héroe". Ese era el momento perfecto.

"Voy a empujar al "dandy" al río y me reiré de él," Sin pensarlo dos veces; se acercó lentamente por detrás y, repentinamente, le dio un fuerte empujón. El chino gritó con poderosa voz en marcado acento Okinawense:

"¡Peligro!", al mismo tiempo que agarraba la muñeca de Sakugawa con la fuerza de una tenaza de hierro.

"¿Por qué haces esto?", le preguntó el extranjero. "¿No te das cuenta de que una broma como esta podía haberte hecho mucho daño? ¿ Qué hubiera pasado si yo fuera débil y no hubiera podido parar tu acción? Tú eres muy fuerte y no deberías jugar así. La gente de Okinawa ha sido muy buena conmigo y voy a dejar pasar esto, pero contrólate en el futuro, ¿ qué pensaría tu padre de ti si se enterara de lo que has hecho?"

Sakugawa se sintió tan avergonzado que no podía articular palabra. Al poco rato, se acercó un joven local y muy cortésmente ofreció con una reverencia, un vasito de sake al elegante chino extranjero. Mientras éste bebía, el muchacho se volvió hacía Sakugawa y preguntó:

"¿ No eres tú Sakugawa? No estaba seguro de reconocerte. Tu fama de artista marcial es muy famosa. ¿Qué haces aquí?".

En esos momentos Sakugawa hubiera preferido estar bajo tierra.

"¿Conoces a este joven?", preguntó con curiosidad el caballero chino, mientras apuntaba con un dedo a Sakugawa.

"Sí", contestó el joven, "Es un conocido karateka local con muchas posibilidades".

El distinguido chino miró a Sakugawa muy de cerca, como lo haría un miope. "Si alguna vez vienes a Kume-Kura, pregunta por Kusanku y yo te enseñaré no solo el cómo sino también el porqué de las Artes Marciales". Después, refiriéndose al muchacho que le había traído el sake dijo: "Este es Kitani-Yara, un estudiante que me está ayudando durante mi estancia en este país".

Sin más conversación , acabaron los tres cruzando cordialmente el puente como si nada hubiera pasado. El joven estudiante en continua actitud servicial, Sakugawa anonadado por lo sucedido y el maestro Kusanku andando muy ufano con las manos entrelazadas por detrás de su cuerpo, decía:

"¡Que día más bonito!, ¡ que agua más bonita!, ¡ que puente más bonito! , ¡que cielo más bonito!"

En ese momento, Sakugawa se percató de que se encontraba delante de alguien muy especial. No solo tenía un guía entregado para resolverle cualquier deseo, sino que vivía en Kume-Kura, que era una población cercana a Naha, donde se afincaban las familias chinas provenientes del importante puerto de Fukien en China. Estas familias eran cuidadosamente elegidas por el Emperador de la China para facilitar las relaciones entre Okinawa y su corte imperial. ¡Por lo tanto se encontraba delante de un embajador!

Sobrepasado por la emoción y por este golpe de suerte, Sakugawa no podía esperar para contarle a su maestro lo que había sucedido. Cuando así lo hizo, Takahara se puso muy feliz y dijo, "Ve con Kusanku y aprende de él todo lo que puedas. Es el artista marcial más reconocido que jamás haya venido de China. La fortuna te ha sonreído. Cuando Kusanku regrese a China, nos enseñaras todo lo que has aprendido de él, esto es muy bueno para Okinawa. ¡Ahora, corre!"

Obedeció su consejo y permaneció con Kusanku durante seis años. Años dedicados al entrenamiento físico riguroso y al estudio de la antigua sabiduría china.

Allí descubrió que Buda enseñó que todo sufrimiento viene de la ambición. Que el respeto a los ancianos es fundamental, según otro filósofo chino llamado Confucio, para que el ser humano se desarrolle con fuertes lazos familiares, base de toda cultura sana y fuerte. Y que la Naturaleza es la madre que da todo el soporte que el hombre necesita para vivir, así lo enseñaba un sabio errante llamado Lao-Tse. Años intensos en los que descubrió que las Artes Marciales iban mucho más lejos que la mera realización de ejercicios físicos por muy complejos que éstos fueran.

Las Artes Marciales y el estudio de sus secretos filosóficos tenían tanta fuerza que podían por si solos alimentar la llama de la ilusión perdida. Habitar en una isla llena de prejuicios y de supresión como el que se producía por entonces las Islas de Okinawa, era muy difícil de soportar. Éstos nuevos conceptos, calaron muy profundamente en el espíritu de Sakugawa y así los transmitió posteriormente a sus alumnos.

A la edad de 29 años recibió un aviso urgente, Takanaka, su antiguo sensei, reclamaba su presencia desde Shuri. Volvió rápidamente, encontrándolo gravemente enfermo.

El anciano monje le dijo:

" La razón por la que te he hecho venir es porque quiero saber si vas a continuar por la vía correcta de las enseñanzas del Karate. Tú puedes enseñar muchos buenos secretos de la ética de las Artes Marciales y yo no he tenido ni la calidad ni el tiempo suficiente para lograrlo. Si tú me dices que continuarás la obra, entonces moriré sabiendo que mi sueño se hará realidad. La razón de mi existencia no quedará sin continuación".

Tomando un momento para recuperarse del esfuerzo de hablar sobre tema tan trancendental, y siendo consciente de que le quedaban muy pocas respiraciones, asió la mano de Sakugawa y le dijo solemnemente:

"Quiero que a partir de ahora te llames Karate Sakugawa, y consigas que los habitantes de Okinawa se sientan orgullosos de ti".

Dos días más tarde moría Takanaka.

Cuando unos años más tarde el maestro Kusanku regresó a China, Sakugawa continuó con la dirección de la escuela de su primer profesor.

Desde entonces, se ha reconocido al maestro Sakugawa como el primer profesor y maestro del estilo de las artes marciales okinawenses. Posteriormente, en el siglo XX, acabaron por bifurcarse produciéndose la aparición de las dos ramas comúnmente aceptadas como el verdadero karate okinawense y su hijo, el karate japonés.

Los maestros y los especialistas

Comenzaron entonces a aparecer las diferencias entre los especialistas y los maestros. Los maestros eran como los médicos generales que tienen que estar versados en todos los aspectos de la medicina; mientras que los especialistas, como su nombre indica, practican un solo aspecto del arte de la medicina.

Los especialistas existen en todas la ramas de las artes marciales. Solo se mueven en su propio ambiente. Son magníficos en su limitada virtud donde son muy admirados. En judo, están los especialistas en seionage; en karate, los que utilizan prácticamente solo la técnica de gyaku-tsuki, etc, y la lista podría ir hasta el infinito. En los deportes de competición modernos, algunos artistas marciales pueden llegar a ser campeones renombrados, pero esto queda muy lejos del auténtico espíritu de las artes marciales. Es como un grito en una tormenta.

Los especialistas no puede distinguir de entre los árboles las hojas. Desarrollan una o dos técnicas que les van bien y olvidan el resto. Su campo de visión es muy miope por prestar tanta atención a un solo aspecto del paisaje. Se transforman en personas que van sabiendo más y más de menos y menos.

Los tres mosqueteros

Karate Sakugawa tenía tres alumnos que eran conocidos con el mote de "Los tres Mosqueteros". Tres amigos que iban juntos a todos los sitios, se llamaban Okuda, Makabe y Matsumoto. Eran sus sempais (asistentes de confiqanza del maestro o hermanos mayores) y eran muy admirados por el público.

Okuda era el especialista supremo. Era "el golpeador", que podía poner fuera de combate a cualquiera. Tenía el sobrenombre de "Mano de Hierro". Los campesinos, cuando conversaban a cerca de él decían: "Okuda puede matar a un toro de un golpe". Su fama era tan grande que cuando llegaba de visita a otras ciudades, era recibido con gran admiración, y pronto se veía rodeado de muchos admiradores incondicionales que le daban palmadas en la espalda y se empujaban para andar al lado de él .

Makabe era pequeño. Pero era muy rápido, listo y esquivo en sus movimientos. La leyenda decía de él que había nacido debajo de las alas de una golondrina. Le llamaban "el hombre pájaro". También levantaba pasiones cuando aparecía por algún sitio público.

De entre los tres, Matsumoto era como el médico descrito anteriormente. Hacía todo bien, era perfecto en la técnica básica y sus kumites (combates) no tenían nada fuera de lo normal. Evidentemente, no tenía ninguna especialidad. Cuando los "Tres Mosqueteros" caminaban juntos por las calles, nadie se acercaba a él. No era un especialista... Cuando alguien le preguntaba a otro, "¿Quién es ese? ¿cuál es su especialidad?, ¿ qué puede hacer?" la respuesta siempre era parecida a esta: "Ah, él. Es un buen profesor. Nada especial".

Sucedió entonces que un barco proveniente de China recaló en el puerto de Naha, Okinawa. A bordo venía el capitán del barco que era muy conocido por su fortaleza física y como gran peleador. Se llamaba Oshima-Kuryu y era de origen chino. Este capitán tenía la costumbre jactanciosa de ir retando a cualquiera que pretendiera quitarle la supremacía de la fuerza física. Efectivamente, nunca había perdido una pelea y presumía en público de su poderío.

Nada más poner pie en tierra, Oshima ya estaba preguntándose si encontraría pronto a alguien que quisiera enfrentarse a él. Se decía: " La gente de aquí ya me conoce. Nadie aceptará un reto. Tengo que inventar algo".

Por fin tuvo una idea. Una noche se dirigió a la taberna del puerto y, después de provocar y dar una paliza a un fornido marinero, le quitó la ropa como un signo de victoria y burla a los lugareños. Siguiendo este maquiavélico plan, continuó así noche tras noche. Al cabo de un tiempo, se corrió la voz por toda la ciudad de que un enorme chino estaba burlándose de los burdos pescadores okinawenses. Esta queja llegó a oídos de las autoridades policiales, que naturalmente estaban formadas por oficiales chinos, los cuales, en circunstancias similares, siempre miraban para otro sitio.

Las noticias llegaron a la ciudad de Shuri, y finalmente a oídos de Karate Sakugawa, que por entonces actuaba de Magistrado, un trabajo que era realizado en aquellos tiempos por maestros de karate gracias a su buena reputación.

Una noche, los tres mejores alumnos de Sakugawa decidieron bajar al puerto para tomar unas copas. Los "Tres Mosqueteros" estaban bajando en animada charla por el único camino que bordeaba la montaña en dirección al puerto, cuando una gran sombra se interpuso en su camino. Allí estaba aquel hombretón con, varias ropas colgando de su hombro. Inmediatamente se dieron cuenta de que se trataba del matón del que tanto habían oído hablar.

Okuda decidió entrar en acción. Dijo:

"¡Eh, tú alto! ¿ Eres tú el que está provocando tanto alboroto en la vecina ciudad de Naha? Si lo eres, date la vuelta y márchate de aquí ahora mismo o nosotros te obligaremos a ello".

Oshima- Kuryu, muy despacio, movió negativamente la cabeza y contestó: "Solo me marcharé si soy vencido. ¿ Veis estas ropas?, se las he quitado a expertos como vosotros".

Okuda, en ese mismo momento se lanzó contra él y le aplicó su famoso golpe de toro. Kuryu se apartó hacia un lado y el puñetazo acabó en el aire, desequilibrando por la inercia a Okuda, el cual acabó girando sobre su propio cuerpo. Kuryu aprovechó la ocasión y, con la gran experiencia ganada en cientos de peleas callejeras, aplicó un golpe seco al cuello de Okuda que acabo con su conciencia y con el cuerpo tirado por el suelo.

"Mañana volveré por aquí a la misma hora", dijo Kuryu , y se marchó orgullosamente.

Durante todo el día siguiente, Makabe entrenó específicamente la serie de argucias y de técnicas que pensaba utilizar la próxima noche. Golpeó con fuerza un pesado saco de arena, endureció sus puños con la makiwara; ( un tablón flexible con un cojín de paja trenzada en un extremo), e hizo "fintas" de cintura para esquivar los puñetazos. Por la tarde practicó randori (un circulo de luchas alternadas) con sus alumnos golpeando duramente a todos. "Pobre de Kuryu", pensaban los discípulos mientras caían por los golpes, "Si Makabe puede con todos nosotros, ¿qué no podrá hacer contra un hombre solo?" El espíritu del Dojo (gimnasio) era muy alto.

Esa noche, Makabe, "el hombre Pájaro", estaba esperando. Oshima-Kuryu no faltó. Pelearon. Makabe era rápido, inteligente y astuto. Pero no fue suficiente. El chino aguantó todos sus ataques y finalmente , después de un cuerpo a cuerpo, proyectó violentamente al okinawense contra el suelo, dejándole sin respiración. Kuryu volvió a ganar. Makabe nunca había entrenado en un cuerpo a cuerpo como se hace normalmente en el judo o en el jujitsu . Tampoco sabía cómo pelear en el suelo, ni cómo zafarse de una llave a una articulación.

La gente del pueblo oyó las noticias y comenzó a preocuparse profundamente. Todos deseaban que Karate Sakugawa salvara el honor del pueblo okinawense de Naha. Querían que el Gran maestro se enfrentara a ese presuntuoso extranjero Chino. Pero Sakugawa dijo:

" No os preocupéis. Nuestros dos especialistas han fracasado. Eso ha sucedido porque están demasiado ensimismados en una sola técnica. Para vencer a ese hombre hace falta improvisación y usar el cuerpo y la mente en unidad. El cuerpo solo vence si el oponente responde bien a tu ataque premeditado y se deja engañar, pero contra un combatiente fuerte y muy desorganizado solo vale usar la mente intuitiva. En la fuerza contra la fuerza, vence el más fuerte. En la fuerza contra la fuerza y la mente juntos, vence la segunda opción. Matsumoto, primero fue un especialista, y ahora es como un médico general ; él ganará".

No estaba todo el mundo de acuerdo con a opinión de Sakugawa, incluso se llegó a decir que en realidad lo que quería era evitar el combate con el terrible capitán del barco. ¿Cómo iba a ganar Matsumoto si nunca había destacado en nada especial? Las apuestas comenzaron a circular raudamente y la mayoría apostaba por Oshima-Kuryu.

Aquel día Matsumoto lo pasó pescando en el puente. La gente le veía y decía : "¿Cómo va a vencer a Oshima si no se entrena y no es siquiera capaz de pescar ni un pez?"

Otros pensamientos muy distintos calmaban la mente de Matsumoto:

"Un rayo de tormenta dura un instante y debe caer en el sitio correcto para ser mortífero, pero el rescoldo de un buen fuego dura más tiempo y de él salen muchas más ventajas".

Efectivamente, en la tercera noche, allí estaba Matsumoto, esperando al capitán chino. Cuando se encontraron frente a frente, el okinawense se percató de que tenía delante de él al más poderoso contrincante con el que se hubiera enfrentado jamás.

Pelearon durante un largo periodo de tiempo sin que Matsumoto apenas hiciera ruido. Por el contrario, el chino resoplaba, saltaba, se abalanzaba, tiraba docenas de golpes, gritaba...¡era un verdadero impresionante espectáculo de fuerza bruta!

Finalmente, cuando Oshima comenzaba a mostrar signos de gran fatiga, pues apenas podía respirar, atacó torpemente con las últimas fuerzas que le quedaban intactas. Matsumoto desapareció delante de él, y esto es lo último que vio el enorme chino. Le aplicó un golpe al hígado que derribó simultáneamente la vanidad del hombretón y su enorme cuerpo. Quedó en el suelo retorciéndose de dolor, asfixiado y sintiéndose morir, pues tal es el efecto que produce un certero golpe al hígado, aunque la potencia del impacto sea floja y en este caso; no lo fue. El impacto fue tan preciso que Oshima Kuryu necesitó varios meses para recuperase.

"Ha llegado la hora de retirarme", declaró Oshima meses después. "Me siento feliz por haber sido vencido por un hombre que domina la técnica básica y que es discípulo del maestro Karate Sakugawa. Todos mis oponentes anteriores eran especialistas. Todos tenían algún truco que era fácil de detectar y no les fue suficiente para vencerme". Después, desapareció de la historia de la artes marciales sin dejar más recuerdo que el haber sido vencido por un alumno de base del maestro Sakugawa.

Cuando muchos años más tarde, Karate Sakugawa se retiró, pasó su Menkyo-Kaiden, es decir, el certificado de máxima competencia que en el Karate se entrega solamente a aquel alumno que tiene toda la confianza del maestro y que solo se entrega una vez en la vida, a Matsumoto. Sin embargo, su mayor logro se produjo cuando tenía 78 años. Fue entonces cuando el Gran Sokon Matsumura vino a él para recibir clases como alumno. (Shurite)

SOKON BUSHI MATSUMURA

Había pasado poco tiempo desde que Napoleón Bonaparte controlara la garganta de Europa con la potencia de sus cañones, cuando el señor Sofuku Matsumura hacía gestiones para introducir a su hijo Sokon en el mundo de las Artes Marciales. Eligió para ello, al Maestro más reconocido en aquellos tiempos, un anciano de 78 años cuya reputación estaba fuera de toda duda.

Después de un largo viaje por los caminos polvorientos e infestados de peligros de la Okinawa feudal del siglo diecisiete, llegó por fin, después de pasar por varios controles policiales Chinos, a la ciudad de Naha. No tuvo problemas para encontrar la casa del Maestro, pues todo el mundo le conocía, no solamente por su fama como Artista Marcial sino por ser Magistrado.

Allí se encontraban padre e hijo delante de un venerable anciano, que más parecía un poeta que un aguerrido luchador. Las referencias que presentaba Sofuku eran buenas, de otra manera hubiera sido muy difícil ser recibido por el Maestro; él, era un celoso protector de las formalidades sociales.

"Déjame ver al muchacho", carraspeó el Maestro mientras hacia extraños movimientos con el cuerpo.

"Sokon," le dijo con voz firme, "empezar las Artes Marciales significa iniciar una nueva vida. Pronto te darás cuenta de que tu carácter y tu personalidad son más importantes que la habilidad o la fuerza física. ¿Crees que te podrás entregar con diligencia obedeciendo a todo lo que se te diga sin una palabra en contra?".

La precisión de la mirada del Maestro, lo directo de su voz y el ambiente solemne hicieron sentir al joven adolescente temprano, como si se estuviera encogiendo. Cuando acabó de hablar aquel anciano, Sokon miró a su alrededor como para ver si tenía autorización para hablar. Todos los presentes le miraban fijamente esperando no solo una contestación, sino en que forma y actitud la expresaba. Esta situación, ya se había producido anteriormente en la casa y, debido a la poca determinación en las respuestas de los candidatos, el maestro los había rechazado. El joven, inspiró lentamente, dejó salir el aire por si solo y, contestó por fin: "No le defraudaré".

Este fue el primer paso que dio Matsumura en el camino que le llevaría hacia la fama y le colocaría al lado de los inmortales del Karate. Este momento tan significante sería la semilla que germinando en el tiempo produciría maestros como Itosu, Chinen, Tawata, Yasuzato y Arakaki, los cuales sistematizarían el karate para acabar denominándose Shuri-te y Sho-Rin-Ryu.

Anteriormente a estos acontecimientos, el karate no se enseñaba como lo fue desde entonces hasta nuestros días. Incluso el nombre era diferente, se llamaba kara-te o to-de que quería decir "mano de espiga", posiblemente debido al echo de que era practicado solamente por los campesinos que tenían prohibido por el clan de los Satsura Japoneses el uso de armas. Anteriormente a la "reforma" de Matsumura, los diferentes estilos de Kara-te, recibían el nombre de los maestros que los enseñaban pero sin ninguna unidad haciendo cada uno su propia interpretación del arte. Matsumura, sin embargo, llamó a su estilo Sho-Rin-Ryu, traducido como "el estilo del bosque joven". Este estilo no debe confundirse con el antiguo arte Okinawense, el cual todavía se sigue practicando en las islas y que recibe el nombre mismo nombre de "Sho-Rin-Ryu" pero con una genealogía y traducción diferente,-"el estilo del bosque de pinos".

Una vez iniciado el proceso de tutelaje bajo la dirección de Sakugawa, el futuro Bushi (samurai) Matsumura se desarrollo rápidamente como un habilidoso experto artista marcial. Y sucedió, que el invierno de1816, se le encontraron suficientes valores como para ser reclutado en el servicio imperial como chicudon, importante título concedido directamente por el Emperador y, anterior en el rango al que recibiera años antes su propio maestro- peichin. Esto le permitió vivir holgadamente y contraer matrimonio dos años después. Su nombre era Yonamine Chiru, conocida por todos como una mujer muy inteligente y de gran fortaleza física. Venía de una familia de renombrados practicantes de karate, siendo en el futuro una influencia y un pilar importante que contribuyó notablemente en el desarrollo social y espiritual de su marido.

Como sucede siempre, la gente comenzó a compararles, incluso se discutía acerca de quién era el mejor de los dos en las habilidades de las artes marciales. Se decía de ella, que era capaz de levantar un saco de arroz con la mano izquierda y barrer el polvo por debajo con la escoba en la mano derecha. "¿Quién sería el mejor luchador?". Esta era una duda que flotaba en el ambiente de la ciudad. El espíritu apostador y la afición por los retos siempre han sido característicos del carácter propio del pueblo Okinawenses.

Esas dudas fueron resueltas una noche cuando regresaba la señora Matsumura de una fiesta que se había cebrado en el barrio de Kaki-no-hana. Cuando el alcohol corrió en exceso entre los festejantes, el ambiente comenzó a ser poco a poco demasiado borrascoso. Entonces, Matsumura dijo a su mujer que regresara a casa, mientras él permanecía allí un rato más. Comenzaba a caer la noche cuando Yonamine inició el regreso a su casa por un atajo polvoriento y sucio que llevaba al templo medio abandonado de Sogen-Ji. De repente, un ruido entre los arbustos, la hizo sobresaltarse. Dio un salto a otro lado de la senda, mientras veía como salían de la oscuridad tres hombres suciamente vestidos y mal afeitados. La miraron maliciosamente como predadores dispuestos a saltar sobre su indefensa presa.

Ella , dándose cuenta de la situación de peligro inminente en la que se encontraba, mientras daba un paso atrás, recuperó la respiración inspirando lentamente, y se situaba en una zona donde la vegetación era más densa.

"¡Quitaros del camino, o tendré que castigaros a los tres!", dijo ella, pretendiendo desconcertarles.

Su truco no caló entre los rufianes, que se rieron de estas palabras, e inmediatamente se colocaron a la derecha del que parecía ser el jefe del grupo. Yonamine se percató inmediatamente del liderazgo del más barbudo. Su mente instintivamente recordó que, en situaciones de agresión múltiple, siempre hay que tomar la iniciativa del ataque y dirigir éste contra el líder o el más fuerte del grupo. Esto provoca un desconcierto inicial que debe ser aprovechado con ventaja por el asaltado. "Quien da primero, da dos veces". El paso que dio hacia atrás y a un lado también tenía una importante razón estratégica: "En la lucha contra varios atacantes hay que moverse de tal manera que el líder siempre quede entre tú y los demás", recordó que le instruyó su padre.

Antes de que el barbudo diera un paso mas hacia delante, Yonamine saltó sobre él como un gato. El hombre parpadeó con una expresión de miedo en sus los ojos al ver como la cara plácida y femenina de aquella mujer se transformó en un instante en una mascara horrible con los alerones de la nariz ampliamente abiertos, los ojos como los de un demonio y la boca abierta con una mueca horrible enseñando unos amenazantes dientes.

Su kiay , sonó como un extraño relámpago en una noche estrellada. Nada parecía ser lógico, pensaban los malhechores. Su desconcierto era total. Y, antes de acabar de pensar en ello, la mujer caía al suelo con una pierna, giraba sobre ella y dirigía el talón de la otra directamente a la sien del hombre más fuerte. Sin parar la acción, apoyándose en el pie de la pierna que acababa de utilizar como un martillo, proyectó otra patada lateral que con el canto del píe que dio impactó la garganta del segundo hombre que la recibió anonadado. Cayó éste sobre una pila de maderas agarrándose la garganta sin apenas poder respirar. No se habían todavía enderezado las rodillas de Yonamine cuando se abalanzó nuevamente sobre el primero dirigiendo la punta de su codo contra su nuez.

El tercer hombre, todavía intacto, se paró al instante y al comprobar la situación en la que se encontraban sus compañeros. Mostró una expresión de cara de perro asustado y cobardemente salió corriendo lleno de pánico. En solo tres pasos Yonamine alcanzó al bandido asiendole por el cuello de la camisa , le aplicó una patada en la parte posterior de una rodilla y cayó sobre él. En una posición parecida a la de un jinete montando un caballo, le trincó del pelo, y antes de que éste se protegiera con las manos, el canto de la mano derecha de la indefensa mujer cortaba el cuello del hombre como un hacha. La arteria gruesa del cuello no pudo resistir el golpe y el hombre quedó tendido sin conocimiento.

Entonces arrastró a los tres insensatos hasta colocarlos sentados, espalda con espalda, y los ató con su obi, que es el fajín ancho con el que se sujetan las ropas las mujeres. No acabó aquí su acción. Arrancó el palo que mantenía el nombre del templo y lo arrojó sobre ellos como un último acto reivindicativo y de asco. En la inscripción se leía, -" Paz en el espíritu, paz en el cuerpo, paz en las manos, paz en los caminos." Muy apropiado...

Horas después, Matsumura volvía a casa siguiendo el mismo camino. Según se aproximaba al templo, se extrañó al oír ruidos como lamentos que provenían desde los arbustos circundantes. Curioseando a través de la oscuridad de los matorrales, se sorprendió al ver a tres hombres amarrados como si fueran ganado y uno de ellos con sangre seca pegada a la cara. Mientras los desataba, reconoció el obi de su mujer. Los liberó y sin más preguntas los dejó ir mientras observaba atónito como caminaban con dificultad mientras se perdían en la oscuridad de la noche.

Al día siguiente, durante la hora del desayuno, Matsumura dejó caer el cinturón encima de la mesa delante de Yonamine y dijo, "Creo que esto te pertenece".

Su mujer, envuelta en el polvo de la limpieza, recogió su obi y sin una sola palabra, continuo con su trabajo como si nada hubiera pasado. Matsumura se mantenía tranquilo pero una duda le rondaba la mente, - no podía comprender, cómo una mujer tan dulce, bella y hacendosa como la suya podría haber maltratado tan duramente a tres hombres. La educación tradicional Okinawense limitaba muchos las preguntas que un marido podía cuestionar a su mujer, el sentido de la ofensa y de la privacidad en aquellas épocas, eran muy respetados. A pesar de la sensación de tener gusanos en el estómago y la cara enrojecida por la duda, no se atrevió nunca a preguntar abiertamente. Estaba seguro de que ella había sido la responsable de ese desaguisado. Una maliciosa sonrisa, dibujaba en su rostro demostraba tímidamente,- que él sentía una gran admiración por ella y por lo que había hecho, pero que no podía demostrarlo abiertamente debido a las estrictas reglas sociales. Descubrió de esta manera secreta, que Yonamine era realmente una gran experta en el mundo del karate, y que su familia había ocultado perfectamente su entrenamiento.

Efectivamente, el kara-te, como se denominaba por entonces, se practicaba secretamente en el seno de familias cerradas que guardaban sus técnicas de puertas a dentro.

Desde entonces, una duda, le acompañó durante el resto de su vida, - "¿Qué sucedería si el mismo se encontrara un día en una situación similar?".

Ese día no tardó mucho en llegar. La familia de Yonamine estaban celebrando una fiesta familiar, cuando Matsumura comenzó a sentirse enfermo que es una forma más elegante de decir "mareado", y se retiró a descansar. Un poco antes del anochecer, haciendo gala de ese carácter burlesco típico de los Okinawenses, se vistió como un granjero, embadurnó su cara con carbón y, salió corriendo hacia un lugar llamado Daido Matsubara por donde él sabía que su mujer tendría que pasar para ir de vuelta a casa. Quería darle un buen susto. Se escondió en una acequia y esperó a que llegara su mujer.

Al cabo de un rato, la vio descender alegremente cuesta abajo llevando en una mano un balanceante furoshiki , un hatillo en el que transportaba diferentes cosas de utilidad doméstica. Cuando creyó que estaba suficientemente cerca, saltó de repente hacia ella gritando todo lo que podía mientras agitaba los brazos como un espantapájaros. Solo tenía la intención de paralizarla dándole un buen susto.

La reacción de ella fue instantánea y espontánea. Tiró el hatillo y salto verticalmente mientras lanzaba dos patadas al pecho del fantasma. El sorprendido Matsumura no tubo ninguna posibilidad de defenderse pues quedó más sorprendido que ella. Ahí, no acabó la batalla. Nada más tocar el suelo, Yonamine utilizó, como dos resortes, ambos brazos, cuyos puños descargaron toda la fuerza un mismo sitio de la cabeza de Matsumura.

Cuando empezó a recuperarse del mareo y de las estrellas que había visto como consecuencia de los golpes, se percató, de que su bonita y domestica mujer, le estaba atando a un árbol con el mismo obi con el que atara a aquellos bandidos.

Matsumura no fue capaz de desatarse durante toda la noche. Ella era una experta en hacer lazos y nudos imposibles de desatar. Cuando los primeros rayos del sol calentaban el amanecer y su cuerpo aterido de frío, vio a un hombre bajar la cuesta montado al trote un caballo blanco.

"¡Eh!," gritó Matsumura. "¿Desáteme, por favor!".

El hombre descabalgó y quedó atónito al descubrir que se trataba del gran Matsumura. ¿Cómo un hombre con su reputación podría encontrarse en semejante situación?.

"Comprendo," dijo Matsumura, muy consecuente y visiblemente avergonzado, "Se estará usted preguntando, qué ha pasado. Yo mismo casi no lo sé. Dejémoslo como está, el mundo es grande y he descubierto que puede haber artistas marciales mucho más hábiles que yo".

Después como un perro con el rabo entre las piernas, regresó humillado a casa. Su dulce mujer le miraba sonriente mientras escuchaba el cuento que su marido le estaba describiendo. "Esta noche me han atacado un grupo de hombres y he tenido que defenderme..." Mientras ella le servía el desayuno solo le dijo, - "Tienes que entrenar mas duramente". Luego cayó y continuó con su sencillez habitual, después de todo el orgullo del marido quedaba en casa. En ningún momento le hizo sentirse descubierto. No quería ridiculizar más todavía a su marido.

Matsumura contó la historia a su venerado Maestro Sakugawa y, este después de reírse un buen rato, decidió darle un buen consejo.

"Mi querido alumno, ¿donde está tu punto más vulnerable?.". El punto más vulnerable para un hombre son sus testículos y para una mujer los pechos. Ellas cuando combaten ponen toda la atención de no ser golpeadas ahí. La próxima vez que te enfrentes a una experimentada mujer artista marcial, amaga un golpe al pecho, ella perderá el equilibrio al intentar cubrirse, y entonces debes entrar en la lucha cuerpo a cuerpo practicando alguna técnica de Ju-jitsu para proyectarla al suelo. Pero si ella, da muestras de ser más fuerte que un hombre, entonces lanza tu primer ataque a esas zonas sensibles".

Matsumura, se sentía totalmente desanimado después de su derrota las manos de su mujer. Pensaba en el consejo de su maestro y no podía dejar de pensar en ello. Aunque fuera una mujer la que le había ganado, no podía entender como su karate se había desarrollado a medias, pues en aquellos tiempos también habían ronins, samurais vagabundos que también eran mujeres de gran peligro. Esperó hasta encontrar la oportunidad de la revancha que se produjo dos meses más tarde.

Yonbara, era el pueblo donde vivía la familia de Yonamine. Fue de visita sola, recorriendo andando la distancia que se cubr&iac